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jueves, 25 de mayo de 2017

EL SIGNIFICADO DEL FUEGO



En nuestras celebraciones:
·     Aparece en forma de lámparas y cirios encendidos durante la celebración o delante del sagrario. Aparte del simbolismo de la luz entra aquí también esa misteriosa realidad que se llama fuego: la llama que se va consumiendo lentamente mientras alumbra, embellece, calienta, dando sentido familiar a la celebración.
·     Vigilia de Pascua: Es la celebración que queda enriquecida de modo más explícito con el simbolismo del fuego. La hoguera que arde fuera de la Iglesia y de la que se va a encender el Cirio Pascual remite intensamente al triunfo de la luz sobre las tiniebla, del calor sobre el frío, de la vida sobre la muerte. De allí partirá la procesión con su festivo grito: "Luz de Cristo", y la luz se irá comunicando progresivamente a cada uno de los participantes. El simbolismo de la luz está realmente muy aprovechado en el lenguaje festivo de la Noche Pascual. Pero en su raíz está el fuego que tiene sus direcciones propias y riquísimas.

Su simbolismo natural

El lenguaje del fuego tiene en nuestra sensibilidad humana y social, una interesante serie de sentidos. El fuego calienta, consume, quema, ilumina, purifica, es fuente de energía. Es origen de innumerables beneficios para la humanidad, pero también destruye, castiga, asusta y mata. Es un elemento bienhechor pero a la vez  peligroso. Un rayo o un incendio pueden generar calamidades enormes. Sin el fuego no podemos vivir, pero puede causarnos también la muerte. No es nada extraño que en torno a este misterioso elemento natural se haya creado todo un simbolismo:

·        Para expresar la presencia misma de la divinidad, invisible pero fuerte, incontrolable, purificadora, castigadora.
·        O para designar los sentimientos humanos, como la pasión, que está escondida pero que puede alcanzar una fuerza inaudita, para bien o para mal: el amor, el odio, el entusiasmo...etc.
·        El fuego es también la imagen del calor familiar, el crepitar de la llama en el hogar ilumina la vida, ahuyenta el frío, da alegría y sensación de bienestar.
   
En la Revelación:

Para saber toda la densidad de significado que el fuego puede llegar a tener y lo que puede expresar también en nuestras celebraciones, no hay mejor medio que repasar, que de lo que él dicen el Antiguo y Nuevo Testamento. Ante todo, el fuego sirve para expresar de algún modo lo que es imposible de expresar: la presencia misteriosa de Dios mismo en la historia humana.

Recordemos el misterioso episodio de la zarza que arde sin consumirse (Ex 3). Moisés se acerca a un lugar que en seguida reconoce como sagrado, y oye la voz "Yo soy el Dios de Abraham...". También es con el fuego con el que se simboliza el juicio de Dios, como el fuego que penetra a todo ser existente, lo pone en evidencia, lo purifica o lo castiga. (Véase: Dan. 7,10 ; Gen 19 ; Is 66,16)

miércoles, 24 de mayo de 2017

¿POR QUÉ Y PARA QUÉ LOS DIVERSOS COLORES EN LA CELEBRACIÓN LITÚRGICA?


El color como uno de los elementos visuales más sencillo y eficaces, quiere ayudarnos a celebrar mejor nuestra fe. Su lenguaje simbólico nos ayuda a penetrar mejor en los misterios celebrados: "La diversidad de colores en las vestiduras sagradas tiene como fin expresar con más eficacia, aun exteriormente tanto las características de los misterios de la fe que se celebran como el sentido progresivo de la vida cristiana a lo largo del año litúrgico." (Misal romano - IGMR 307)

jueves, 30 de mayo de 2013

EL CORPUS CHRISTI

Hoy celebramos esta gran Solemnidad (domingo) en honor del misterio eucarístico. En ella se unen la liturgia y la piedad popular, que no han ahorrado ingenio y belleza para cantar al Amor de los amores.  La fe en la presencia real de Cristo en la Sagrada Eucaristía llevó a la devoción a Jesús Sacramentado también fuera de la Misa. La razón de conservar las Sagradas Especies, en los primeros siglos de la Iglesia, era poder llevar la comunión a los enfermos y a quienes, por confesar su fe, se encontraban en las cárceles en trance de sufrir martirio.

Nuestro Dios y Señor se encuentra en el Sagrario, allí está Cristo, y allí deben hacerse presentes nuestra adoración y nuestro amor, en la contemplación llena de fe y abierta a reparar las graves faltas y delitos del mundo. Jesús nos espera en este sacramento del Amor.

La cosa más necesaria a descubrir en la fiesta del Corpus Christi: despertar cada año la admiración y maravilla ante el misterio. La fiesta había nacido en Bélgica, al inicio del siglo XIII; los monasterios benedictinos fueron los primeros a acogerla; Urbano IV la extendió a toda la Iglesia en 1264, parece que incluso por influencia del milagro eucarístico de Bolsena, venerado hoy en Orvieto.

¿Qué necesidad había de instituir una nueva fiesta? ¿La Iglesia no recuerda la institución de la Eucaristía en el Jueves Santo? ¿No la celebra cada domingo y, es más, cada día del año? En efecto, el Corpus Christi es la primera fiesta, que no tiene por objeto un acontecimiento de la vida de Cristo, sino una verdad de fe: su real presencia en la Eucaristía. Responde a una necesidad: la de proclamar solemnemente dicha fe; tener viva la admiración frente al más grande y más bello de los misterios de la fe; y  para conjurar un peligroel de habituarse a tal presencia.

El objetivo: Si la fiesta del Corpus Christi no existiese, sería necesario inventarla. Si existe un peligro, que corren hoy los creyentes en relación con la Eucaristía, es el de trivializarla o quitarle importancia. Antes, no se la recibía tan frecuentemente y debía ir precedido del ayuno y la confesión. Hoy, prácticamente, todos se acercan a ella... Todo esto, sin embargo, comporta un riesgo irreparable. San Pablo nos advierte: «Quien coma el pan o beba el cáliz del Señor indignamente, será reo del cuerpo y de la sangre del Señor. Pues quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condena» (1 Corintios 11,27-29). Nosotros no podemos recibir a Dios, más que como «Dios»; esto es, conservando toda su santidad y su majestad. ¡No podemos reducir a Dios!

La predicación de la Iglesia no debiera tener miedo, ahora que la comunión ha llegado a ser una cosa tan habitual y tan «fácil», de usar alguna vez el lenguaje de los primeros tiempos de la Iglesia, al momento de la comunión, en la asamblea resonaba un grito: «¡Quien sea santo que se acerque, quien no lo sea que se arrepienta!»

Pero, no debe ser la causa de nuestra admiración frente al misterio eucarístico tanto la grandeza y la majestad de Dios, cuanto más bien su condescendencia y su amor. La Eucaristía, por encima de todo esto, es memorial del amor del que no existe uno mayor: dar la vida por los propios amigos.

Hoy es un día de acción de gracias y de alegría porque el Señor se ha querido quedar con nosotros para alimentarnos, para fortalecernos, para que nunca nos sintamos solos, La Sagrada Eucaristía es el viático, el alimento para el largo caminar de la vida hacia la verdadera Vida. Jesús nos acompaña y fortalece aquí en la tierra, que es como una sombra comparada con la realidad que nos espera; y el alimento terreno es una pálida imagen del alimento que recibimos en la Comunión.


Aunque celebramos una vez al año esta fiesta, en realidad la Iglesia proclama cada día esta dichosa verdad: Él se nos da diariamente como alimento y se queda en nuestros Sagrarios para ser la fortaleza y la esperanza de una vida nueva, sin fin y sin término. Es un misterio siempre vivo y actual. Señor, gracias por haberte quedado. ¿Qué hubiera sido de nosotros sin Ti? ¿Dónde íbamos a ir a restaurar fuerzas, a pedir alivio? ¡Qué fácil nos haces el camino desde el Sagrario!

         

jueves, 20 de septiembre de 2012

CATEQUESIS MISTAGOGICA VIII



Comunión
El cuerpo de Cristo…
La sangre de Cristo…
 Amén.
 Después de comulgar el que preside y los demás ministros del altar, los fieles se acercan al altar para recibir las especies eucarísticas. Comemos el verdadero cuerpo del Señor haciéndonos uno con Él. El amén es una clara confesión de fe Cristo resucitado es el alimento de nuestra vida.

Mientras se comulga, el canto de comunión expresa la unión espiritual y la alegría de los que van avanzando procesionalmente hacia el altar.


 Oración después
de la Comunión

Después de la comunión tiene lugar la purificación de las manos y de los vasos sagrados. Después de un momento de reposo y oración, para la interiorización y la prolongación contemplativa del misterio celebrado, el que preside ruega para que se obtengan sus frutos.  El pueblo responde amén.

Rito de Conclusión

Saludo y bendición final

Antes de enviar a sus discípulos a testimoniar su resurrección, Cristo levantó las manos y los bendijo. Esto mismo hace el sacerdote: bendice a los fieles trazando sobre ellos la señal de la cruz e invocando al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Concluida la celebración el que preside besa el altar y se retira junto con sus ministros.


Con esta entrada, hemos culminado la catequesis mistagógica queridos lectores, espero que se haya comprendido un poco más el misterio que celebramos día a día, el misterio del amor. Gracias por sus comentarios, eso nos ayuda a ir aclarando nuestras dudas. 

jueves, 13 de septiembre de 2012

CATEQUESIS MISTAGOGICA VII



Fracción del Pan

Realizado por Cristo en la última Cena. No es sólo un gesto práctico, sino que tiene también carácter simbólico: el pan que nos da Cristo es su Cuerpo roto, partido entregado. Los discípulos de Emaús lo reconocieron al partir el Pan. Partimos el pan para repartirlo: ala vez que recibimos al único Cristo, lo “estamos compartiendo” con nuestros hermanos.


 La Inmixtión o Mezcla

La mezcla de un pequeño fragmento de pan en el cáliz hace referencia simbólicamente a que recibimos a Cristo resucitado y glorificado. Subraya demás, la unidad del sacramento.

Cordero de Dios

Que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros… danos la paz.

Tomado del testimonio de Juan Bautista. Recupera el simbolismo del cordero pascual, como el cordero Sirvo de Yahvé que se entrega por nosotros para quitar el pecado del mundo, y que con su sangre ha adquirido para Dios un pueblo sacerdotal, forado por hombres y mujeres de toda raza, lengua, pueblo y nación.

El sacerdote muestra el pan e invita al banquete
de Cristo.
  
Este es el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.  Dichosos lo llamados a la cena del Señor.

Señor, no soy digno de que entres en mi casa pero una palabra tuya bastará para sanarme.


El sacerdote  muestra el pan eucarístico que se va a recibir en la comunión  e invita al festín de las bodas del cordero. En la Eucaristía participamos ya sacramentalmente en el banquete escatológico anunciado ya por los profetas y que se cumplirá definitivamente en la bienaventuranza eterna. La respuesta, tomado del relato evangélico expresa a la vez humildad y confianza en la misericordia salvífica de Cristo.
 

miércoles, 5 de septiembre de 2012

RESPONDIENDO COMENTARIOS


En una de las entradas en este blogger, “Catequesis Mistagógica II” recibí este comentario. Estimado Padre...! Me gustaría que nos explique a cerca de ¿Por qué los acólitos llevan dos cirios y se ponen a la par del ambón durante la lectura del evangelio? ¿Que significado tiene cuando el sacerdote, o diacono signa el evangelio y por qué lo besa? ¿Por qué todos nos signamos con la señal de la cruz, antes de la lectura del evangelio? ¿Por qué respondemos "Gloria a ti Señor" antes de la lectura y después del evangelio respondemos "Gloria, a ti Señor Jesús"? Me gustaría que nos explique la distinción de dichas respuestas…

Pido disculpas por la tardanza de la respuesta, pero quiero ser claro y sincero, tuve que pedir ayuda para responder, y agradezco sus comentarios porque solo así se aprenderá sobre los misterios que celebramos.

¿Por qué los acólitos llevan dos cirios y se ponen a la par del ambón durante la lectura del evangelio?

En las misas solemnes, cuando interviene el cuerpo de acólitos, dos ciriales se colocan a los lados del ambón, durante la proclamación del Evangelio.

La costumbre de los dos cirios, proviene también de la procesión en que se acompañaba al Emperador o a algún personaje importante con todos los honores, lo que luego se aplicó al Santo Padre. Más tarde, se dejaron los cirios para alumbrar el altar, porque el altar es Cristo.

Hermosísimas son las palabras de Romano Guardini evocando el sentido espiritual del cirio: “Helo aquí sobre el candelero. Amplio y seguro se sienta su pie sobre el altar; el tronco se yergue robusto, macizo. El cirio estrechado en su vaina de bronce y sostenido en el disco colocado de plano se lanza hacia lo alto. Poco a poco su figura parece que rejuveneciera. Modelado con exquisita delicadeza, es no obstante macizo. Helo ahí siempre recto en el espacio, esbelto, en su pureza intacta: sin renunciar a sus colores de tonos pálidos. Por su inmaculada blancura y su forma esbelta, el cirio se distingue de todas las cosas que lo rodean. En lo más alto se cierne la llama. Y en ella el cirio transforma su carne purísima en luz cálida y luminosa. ¿No es verdad que su vista evoca en tu espíritu una idea de nobleza? ¡Mira!... Cómo se mantiene inmóvil, arrogantemente en su sitio sin titubear, todo purísimo. Todo en él nos dice: ¡Estoy dispuesto, estoy alerta!". Y el cirio está, día y noche, allí donde debe estar: ante Dios. Nada de cuanto compone su ser escapa a su misión; nada frustra su fin: el cirio se entrega sin reserva. Está para eso: para consumirse. Y se consume cumpliendo su destino de ser luz y calor. "Pero, ¿qué sabe de todo eso el cirio -me dirás- si no tiene alma...? Es verdad. Entonces tú debes darle una. ¡Haz del cirio el símbolo de tu propia alma!” (de Los signos sagrados).


¿Qué significado tiene cuando el sacerdote, o diacono signa el evangelio y por qué lo besa?

El sacerdote o el diácono signa el evangelio antes de proclamarlo  indicando que la lectura que será proclamada es ipsisima Verba Iesu, es decir, la misma Palabra de Jesús.
Uno de los gestos más aceptados y que, por tanto, se está utilizando con naturalidad en la sociedad actual, es el beso. También en la liturgia se besan las personas y los objetos sagrados. A aquéllas, como gesto de lo que quieren comunicar eficazmente. Respecto al beso de los objetos, sólo es el altar y el libro de los Evangelios los que más reciben este aprecio, como símbolo de veneración, según explica la (IGMR 232). 

El beso al altar es antiquísimo y se remonta al s. IV. Con este gesto se quiere expresar el aprecio que se tiene a la “mesa del Señor”, sobre la que se va a realizar la Eucaristía. Se besa el altar dos veces: al comienzo de la celebración, y  al finalizarla.

El beso del Evangelio lo besa al final quien lo proclama, como un gesto más, insertado en una serie de acciones simbólicas en torno al mismo. Besar el Evangelio es un gesto de fe en la presencia de Cristo, que se nos comunica como Palabra verdadera y que se prolonga, por la asamblea, con la aclamación a la misma Palabra proclamada. Al besar expresa veneración y amor a Cristo presente en el evangelio. Al hacerlo el sacerdote dice en voz baja: “Por las palabras del santo evangelio sean perdonados nuestros pecados”. Esta frase expresa el deseo de que la palabra evangélica ejerza su fuerza salvadora.

El sacerdote inicia la lectura diciendo “Lectura del Santo Evangelio según...”), a lo que el pueblo responde diciendo “Gloria a Ti, Señor” y haciendo la señal de la cruz en la frente, labios y pecho. Al final se aclama “Gloria a Ti, Señor Jesús”. La proclamación del Evangelio constituye la culminación de la Liturgia de la Palabra. 

La misma Liturgia enseña que se le debe tributar suma veneración, ya que la distingue por encima de las otras lecturas con especiales muestras de honor, sea por razón del ministro encargado de anunciarlo y por la bendición u oración con que se dispone a hacerlo, inclusive empleando incienso en los días solemnes, acompañado de los acólitos portando cirios a los costados del ambón, sea por parte de los fieles, que con sus aclamaciones reconocen y profesan la presencia de Cristo que les habla, y escuchan la lectura puestos en pie; sea, finalmente, por las mismas muestras de veneración que se tributan al Evangeliario.

¿Por qué todos nos signamos con la señal de la cruz, antes de la lectura del evangelio?

Hacemos tres cruces para significar:
En la frente: para abrir la mente, para entender el evangelio.
En la boca: para anunciar el evangelio.
En el corazón: para aceptarlo y hacerlo vida.


Sigo esperando sus comentarios apreciables lectores.