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jueves, 20 de abril de 2017

EXPLICANDO UN POCO LA SALIDA DEL PUEBLO DE ISRAEL EN EGIPTO


Es importante que nos detengamos, cómo Moisés en su conversación con el Faraón, no presenta en modo alguno la conquista de una tierra propia como objeto de su partida, sino la búsqueda de un lugar apropiado para ofrecer sacrificios y adorar a Dios en la forma deseada por El mismo.

La meta del Éxodo es, sobre todo y por encima de cualquier otra consideración, el Sinaí, es decir: la Alianza con Dios, de la que se desprende la Ley para Israel. La meta es encontrar un derecho que proporcione justicia y de esta forma poder establecer las justas relaciones entre lo hombres y con la creación entera, estas relaciones, que constituyen la justicia y por eso la libertad para el hombre, dependen de la Alianza, forman la misma Alianza, es decir, no pueden ser ni intelectual ni formalmente elaboradas sólo por el hombre, sino depende de la relación fundamental, de la relación a Dios, que ordena cualquier otra relación.


Sin duda se puede asegurar que la meta del Éxodo fue, por consiguiente, la libertad, pero podemos añadir que la forma de la libertad es la Alianza y cuya forma de realización se desprende de la ley, la cual describe la correcta relación de los hombres entre ellos mismos y con Dios. Incluso, se podría decir que la finalidad del Éxodo fue el transformar a Israel de un conglomerado de pueblos en un único Pueblo y concederle como tal su libertad, su propia dignidad, y encomendarle la misión que le corresponde en la historia. Pero al mismo tiempo hay que considerar que un conjunto de hombres se constituye en pueblo precisamente por un derecho común y que el hombre no vive dentro de la ley si frente a Dios permanece en una relación de injusticia.

jueves, 27 de noviembre de 2014

LA LIBERTAD ES REAL


Dice San Pablo en su carta a los Gálatas: «Cristo nos ha liberado para que seamos hombres libres; permaneced firmes y no os dejéis poner de nuevo el yugo de la esclavitud». Este video busca expresar en forma simbólica exactamente esta gran verdad. Es un llamado a buscar la libertad que nos ha traído el Señor, porque hemos sido liberados por Él; verdaderamente las ataduras del pecado han sido rotas. Y lamentablemente como muestran las imágenes estamos siendo engañados, a tal punto que ya hemos empezado a acostumbrarnos a esta condición.

 Los símbolos que utiliza el video son geniales, muy gráficos y expresivos. Las cintas rojas son nuestros pecados, que nos esclavizan, se nos pegan y nos van atando, desde grados más bajos como aquel que trabaja en la biblioteca hasta más extremos como es el caso de las prostitutas, atadas por el cuello a su “dueño”. 

Estas cintas así como el pecado, nos destruyen porque nos atan a cosas y a personas de un modo negativo, nos vuelven negativamente dependientes.

Para poder “donarnos” a los demás (amar), es un requisito fundamental que seamos dueños de nosotros mismos, pues nadie da lo que no tiene (cómo me puedo donarme, si no me poseo; cómo puedo amar si no poseo la libertad del auténtico amor). Y la única manera de ser dueños de nosotros, la única forma de “liberarnos de las cintas rojas del pecado”, es recibiendo el amor del Señor, quien nos amó primero.

Él nos ha traído las “cintas blancas”, esas que son la libertad en su amor, y son reales. Lo único que falta es aceptarlas, y eso ya depende de cada uno de nosotros. 


Fuente; Catholic Link

viernes, 30 de mayo de 2014

LA PERSONA TIENE LA CAPACIDAD DE ELEGIR


Buscar la libertad desde la persona porque solo la persona trasciende. Sólo la persona tiene la capacidad de elegir o rechazar una elección y lanzarse sobre ella. En ninguna parte del mundo la persona encuentra la libertad dada o ya constituida. 

Porque si pensamos que todas las cosas ya están dadas o constituidas por sí mismas, corremos el riesgo de caer en un determinismo. Y hacemos las cosas porque pensamos que todo es así o así se ha creído siempre. (Ejemplo: En esta comunidad sólo los hombres pueden opinar, porque siempre se ha hecho así) es decir todo está determinado, o podemos caer en una libertad de indiferencia, una libertad de no ser nada, de no desear nada y de no hacer nada; digan o hagan lo que quieran, a mí me parece igual, no me interesa lo que hagan sino lo que yo hago. 

Es una realidad que en muchas partes se vive lamentablemente. Y dicen los filósofos de la época moderna: «si la ciencia no tiene nada que decir a favor de la libertad, debe renunciar cada vez más a refutarla.

jueves, 29 de mayo de 2014

LA LIBERTAD NO ES UNA COSA

Emmanuel Mounier

«Si la libertad no existe ¿Qué seríamos nosotros?» A esta pregunta hay que decir; que sí existe una libertad, que es una afirmación de la persona, es algo que se vive, pero no se ve, en la época moderna muchos filósofos quisieron también afirmar la libertad pero desde otra perspectiva, ellos quisieron demostrar la libertad con un método experimental, que se vea y que sea palpable, demostrarlo a través de la ciencia. 

Pero como ya hemos dicho que la libertad es algo que no se ve sino se vive, entonces en definitiva para los modernos no existe la libertad porque no lo veo, no lo puede tocar, por tanto no existe la libertad. Porque ellos quisieron demostrarlo a través de la matemática y la lógica que son ciencias exactas. (Ejemplo: 2+2 = 4) de esta forma querían demostrar la libertad pero éste método no funcionó al respecto de este tema sí funcionó en la técnica, pero en el campo de la persona no resultó porque la persona trasciende.

Iremos publicando algo más sobre este tema, porque es una realidad en nuestra sociedad, si entendemos que es la libertad podremos respetar la libertad de los demás.

martes, 2 de julio de 2013

LA LIBERTAD DEL HOMBRE

Gracias Señor por el don de la libertad
Dios ha creado al hombre racional confiriéndole la dignidad de una persona dotada de la iniciativa y del dominio de sus actos. "Quiso Dios dejar al hombre en manos de su propia decisión (Si 15,14), de modo que busque sin coacciones a su Creador y, adhiriéndose a él, llegue libremente a la plena y feliz perfección" (GS 17):


El hombre es racional, y por ello semejante a Dios, creado libre y dueño de sus actos (S. Ireneo, haer. 4,4,3).