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viernes, 3 de abril de 2020

SEMANA SANTA EN FAMILIA




Ante la contingencia que nos está tocando vivir muy probablemente no podamos asistir a nuestras iglesias, probablemente lo podamos ver por la televisión, pero aquí encontrarás una guía para que tú como padre o madre de familia la puedas realizar de una manera vivencial con tu familia.

Los ritos serán sencillos y breves para que santifiques esta Semana Santa que es la mayor de las festividades de los católicos.


Dios es mi alegría les desea una feliz Semana Santa.

domingo, 16 de abril de 2017

FOTOGRAFÍAS EN LA VIGILIA PASCUAL


"Según una antiquísima tradición, esta es noche de vigilia en honor del Señor (Ex 12,42). Los fieles, tal como lo recomienda el evangelio, deben parecerse a los criados, que con las lámparas encendidas en las manos, esperan el retorno de su señor, para que cuando llegue los encuentre en vela y los invite a sentarse a su mesa" (Misal, pág. 275).







Con los catecúmenos 
 

FOTOGRAFÍAS DEL VIERNES SANTO


 El viernes Santo es día de penitencia obligatorio para toda la Iglesia y por tanto hay que guardar en este día la abstinencia y el ayuno, y según la oportunidad también el Sábado Santo hasta la Vigilia pascual. El ayuno de estos dos días es además de penitencial, celebrativo, ritual, y contemplativo del misterio de la Cruz. Si bien es personal es sobre todo comunitario: la comunidad ayuna en la espera de su Señor Resucitado. Es toda la persona la que celebra la Pascua, no sólo la mente y el espíritu sino también el cuerpo. No hay que olvidar que el ayuno tiene en la espiritualidad cristiana un gran valor: en una sociedad marcada por el consumismo y lo superfluo, es un medio para vivir la ascesis, el autocontrol, el señorío de sí mismo, y para ver en los bienes de este mundo su carácter perecedero y pasajero.











En Chimaltenango 

FOTOGRAFÍAS DEL JUEVES SANTO

Para este día hemos de preparar todo lo necesario para una misa bien celebrada, bien solemne, en la que destacaremos el ofertorio con las ofrendas del pan y el vino eucarísticos, con el pan necesario tanto para la comunión del Jueves, que tendría que ser bajo las dos especies, como para la comunión del Viernes, que tendrá que ser con la reserva del sagrario; y también, como dice el misal, la colecta para los pobres.





Hoy, en lo «pilla o en el altar del Santísimo, el sagrario tendrá que estar vacío y con la puerta bien abierta. Y, si se quiere, se puede prever una discreta ambientación ornamental para después para cuando llevemos la reserva eucarística. Para esto ya podemos tener una mesita, convenientemente preparado el humeral para poder llevar el Santísimo. Y también el incensario, la cruz procesional y los candeleros o los cirios para la pequeña procesión que haremos hasta el sagrario. Por tanto, sino lo tenemos ya fijo, hay que prever una capilla o un lugar adecuado para la Reserva Eucarística, con toda la ornamentación que parezca oportuna, pero sin pasarse.

Si se efectúa el lavatorio de los pies, que es un signo recomendable y bien visible del evangelio del Jueves Santo, ya sea con doce personas menos, debemos pensar en sus sillas correspondientes, como así también la jarra, las toallas; y una jofaina con jabón para después.




Y recordemos que, al final de la misa no hay despedida ni bendición. Lo que se hace es llevar el Santísimo al Sagrario, en un lugar adecuado y sin despedida, seguidamente, aunque sea ante la gente que se queda a rezar.

Con mucha discreción, se desnuda totalmente el altar sin que quede nada encima de él; también se quita todas las cruces.

sábado, 15 de abril de 2017

JESUCRISTO DESCENDIÓ A LOS INFIERNOS


¿Qué es lo que hoy sucede?  Un gran silencio envuelve la tierra; un gran silencio y una gran soledad.  Un gran silencio, porque el Rey duerme.  La tierra está temerosa y sobrecogida, porque Dios se ha dormido en la carne y ha despertado a los que dormían desde antiguo.  Dios ha muerto en la carne y ha puesto en conmoción al abismo.



Va a buscar a nuestro primer padre como si éste fuera la oveja perdida.  Quiere visitar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte.  Él, que es al mismo tiempo Dios e Hijo de Dios, va a librar de sus prisiones y de sus dolores a Adán y a Eva.

El Señor, teniendo en sus manos las armas vencedoras de la cruz, se acerca a ellos.  Al verlo, nuestro primer padre Adán, asombrado por tan gran acontecimiento, exclama y dice a todos: «Mi Señor esté con todos.»  Y Cristo, respondiendo, dice a Adán: «Y con tu espíritu.»  Y, tomándolo por la mano, lo levanta, diciéndole: «Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo será tu luz.»




Yo soy tu Dios, que por ti y por todos los que han de nacer de ti me he hecho tu hijo; y ahora te digo que tengo el poder de anunciar a los que están encadenados: “Salid”, y a los que se encuentran en las tinieblas: ”iluminaos”, y a los que duermen:  “Levantaos.”

A ti te mando: Despierta, tú que duermes, pues no te creé para que permanezcas cautivo en el abismo; levántate de entre los muertos, pues yo soy la vida de los muertos.  Levántate, obra de mis manos; levántate, imagen mía, creado a mi semejanza.  Levántate, salgamos de aquí, porque tú en mí, y yo en ti, formamos una sola e indivisible persona.

Por ti, yo, tu Dios, me he hecho tu hijo; por ti, yo, tu Señor, he revestido tu condición servil; por ti, yo, que estoy sobre los cielos, he venido a la tierra y he bajado al abismo; por ti, me he hecho hombre, semejante a un inválido que tiene su cama entre los muertos; por ti, que fuiste expulsado del huerto, he sido entregado a los judíos en el huerto, y en el huerto he sido crucificado.



Contempla los salivazos de mi cara, que he soportado para devolverte tu primer aliento de vida; contempla los golpes de mis mejillas, que he soportado para reformar, de acuerdo con mi imagen, tu imagen deformada; contempla los azotes en mis espaldas, que he aceptado para aliviarte el peso de los pecados, que habían sido cargados sobre tu espalda; contempla los clavos que me han sujetado fuertemente al madero, pues los he aceptado por ti, que maliciosamente extendiste una mano al árbol prohibido.

Dormí en la cruz, y la lanza atravesó mi costado, por ti, que en el paraíso dormiste, y de tu costado diste origen a Eva.  Mi costado ha curado el dolor del tuyo.  Mi sueño te saca del sueño del abismo.  Mi lanza eliminó aquella espada que te amenazaba en el paraíso.


Levántate, salgamos de aquí.  El enemigo te sacó del paraíso; yo te coloco no ya en el paraíso, sino en el trono celeste.  Te prohibí que comieras del árbol de la vida, que no era sino imagen del verdadero árbol; yo soy el verdadero árbol, yo, que soy la vida y que estoy unido a ti.  Coloqué un querubín que fielmente te vigilara; ahora te concedo que el querubín, reconociendo tu dignidad, te sirva.

El trono de los querubines está a punto, los portadores atentos y preparados, el tálamo construido, los alimentos prestos; se han embellecido los eternos tabernáculos y moradas, han sido abiertos los tesoros de todos los bienes, y el reino de los cielos está preparado desde toda la eternidad.


¿POR QUÉ MARÍA NO FUE AL SEPULCRO COMO OTRAS SANTAS MUJERES?


Hoy es Sábado Santo y es un día de espera. Jesús se encuentra en el sepulcro y es María quien acompaña a la Iglesia.

María es la madre de la paciente espera, aunque está dolida por la  muerte de su hijo. Ella fue la única que mantuvo viva la llama de la fe cuando Cristo fue sepultado.

Según el P. Paniagua en una reflexión sobre el Sábado Santo, muchos de los seguidores de Jesús se desilusionaron porque creían que él iba a ser el Gran Mesías de Israel.

Ellos esperaban a un guerrero que los liberara del dominio romano con puño de hierro y un ejército numeroso. Sin embargo, cuando vieron que Cristo se dejó crucificar y murió, quedaron tristes y desilusionados. “Jesús fracasó, volvamos a nuestras tareas ordinarias”, dijeron los discípulos de Emaús. También  los apóstoles estaban con miedo, y se mantenían escondidos.

Incluso las mujeres que estuvieron al pie de la Cruz, van a embalsamar el cuerpo del Señor porque ya lo consideran como a un muerto. Ellas no habían creído en la resurrección de Cristo, y cuando encontraron el sepulcro vacío se llenaron de terror. Y no entienden por qué no está el cuerpo de Jesús y comienzan a dudar de lo que él les había dicho sobre la resurrección. Al aparecerse el ángel, una de ellas le pregunta: ¿Adónde se han llevado al Señor? Sólo cuando Cristo se les aparece, creen.

María, en cambio, no fue al sepulcro porque había acogido la palabra de Dios en su corazón. Y por ser una mujer de fe profunda, había creído. Por lo tanto, ella no estaba desilusionada, ni asustada, ni desconfiaba. Sino que espera plenamente en la resurrección de su hijo.

Pese de haber visto todo el dolor del día anterior, su fe y su esperanza son mucho más grandes aún. Se mantuvo firme al pie de la cruz, aunque profundamente dolida. En esos momentos lo único que la sostuvo fue la fe. Y también la esperanza de que se cumplirían las promesas de Dios.

Fuente; Aciprensa