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jueves, 24 de marzo de 2022

Soy seminarista y estas son 4 razones por las que requiero de tu oración

© foto; Seminario Mayor de Sololá


Un seminarista es un joven que ha sentido el llamado de Dios, un llamado a dejarlo todo por seguirle a Él. Y por esto este joven deja su hogar e ingresa al que será su nuevo hogar: el seminario. 

Lugar donde su vocación será moldeada y trabajada para formar en él un hombre íntegro que pueda dar una respuesta fiel y madura en la entrega a Cristo. Siendo luego un sacerdote que camina hacia la santidad. 

Pero este caminar no es sencillo, no es fácil. Muchos piensan que un seminario es un lugar donde los estudiantes oran todo el día, pero la verdad es que si bien se tiene una fuerte vida espiritual que sostiene todo lo demás, también debe haber un trabajo equilibrado en la academia, en la pastoral y en la vida en comunidad. 

La vida del seminarista consiste en aprender a dar diariamente un sí al Señor. Un sí que algunos días se da muy seguro y otros se da lleno de interrogantes. Un sí que implica hacer renuncias en el camino y aprender a dar todo solo a Dios. Un sí que se convierte en el sentido de la vida misma, un sí que solo nace del amor a Jesús. 

Es por esto, que es común en nosotros los seminaristas pedir a las personas que oren por nosotros. Sin la oración personal y la que la Iglesia hace por nosotros se hace más difícil el camino. A continuación te comparto algunos puntos con los que quiero mostrarte por qué valoramos y necesitamos tanto la oración que haces por nosotros, los seminaristas: 

1. La vocación es un castillo que se construye día a día 

Cuando Dios llama a un hombre y le pide que deje todo por Él y le siga, lo que hace es convertir la vida de ese hombre en un terreno para construir su proyecto divino. Esa construcción se debe hacer de manera consciente, paso a paso, y como todo proyecto tiene aciertos, desaciertos y obstáculos que deben ser superados. Solo la humildad, la fe y la oración hacen posible tal construcción. 

Cada vez que una persona ofrece su oración o sus actos de piedad por un seminarista, está poniendo su grano de arena en la construcción del Reino de Dios. Esta oración ayuda a que el seminarista sea humilde y dócil ante la obra que Dios hace en él. 

2. En la vida del seminarista hay momentos de dificultad y de duda 

La entrega diaria al Señor implica muchas dimensiones, dado que es una entrega que comprende la vida entera. Por esto es normal que el seminarista pase por momentos de crisis vocacional, de dudas, de tentación, de caída. Momentos en que la oración es muchísimo más importante, siendo siempre fundamental. 

Como seminaristas agradecemos enormemente la oración que hacen por nosotros en estos momentos. Es la muestra del amor de Dios hacia nosotros, amor que mueve a la Iglesia a sostener a quienes están tambaleantes. 

3. Somos seres humanos 

El seminario está lleno de hombres que como todos los demás, tienen fragilidades y debilidades con las que luchar cada día. El seminarista, como diría Jesús en el Evangelio, vive en el mundo, pero no es el del mundo. Y es por esto que la oración que haces por nosotros nos da fortaleza en el espíritu para no vacilar. 

Además, tu oración por un seminarista, puede estar, sin que lo sepas, levantándole después de haber caído y ayudándole a volver a decir sí al llamado del Señor. 

4. Tu oración nos alegra el corazón 

Como seminaristas, cada vez que sabemos que alguna persona está orando por nosotros, nos alegramos infinitamente. Su oración nos demuestra el enorme amor que Dios nos tiene, amor que nos llama a darlo todo, amor que te llama a sostenernos con tu oración. 

No basta solamente pedir a Dios que mande más obreros a su mies, es necesario pedirle por la fidelidad y entrega de esos obreros. Te invito a orar por nosotros, para que sepamos responder al llamado que Dios nos hace, para que seamos fieles y sepamos despojarnos de todo por el Reino de Dios. 

Recuerda que tu oración, sostiene nuestra vocación y sostiene la Iglesia. Si quieres aprender a orar mejor, conocer los tipos de oración que existen o encontrar el modo de sentirme más cerca de Dios a través de ella, te recomiendo el curso online «Crecer en la vida de oración». Estoy seguro de que te será verdaderamente útil. 

martes, 1 de febrero de 2022

FORMACIÓN EN Y PARA LA LIBERTAD EN EL CAMINO SACERDOTAL



En la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, se está profundizando la VII semana de Estudio para Formadores de Seminario, con el título "SI EL HIJO OS HACE LIBRES, SERÉIS LIBRES DE VERDAD". La actividad está dirigida a sacerdotes asignados a los Seminarios, y tratará de iniciar una reflexión común y un fructífero diálogo entre los diversos protagonistas de la formación de los candidatos al sacerdocio. 

El proceso de formación en el seminario genera procesos de maduración de la libertad. ¿Cómo se puede combinar la atención a la persona del candidato al sacerdocio en un tiempo limitado con las importantes exigencias de una función para la que se está preparando? ¿Cómo podemos iniciar procesos de educación personal, sin quedarnos en la mera formación para una función eclesial concreta? ¿Cómo puede ejercerse la autoridad sin caer en el autoritarismo o la permisividad, especialmente en un contexto como el actual, que critica su propia existencia y tiene dificultades para entenderla? ¿Cómo se pueden prevenir y detectar rápidamente los abusos morales? ¿Qué modelos educativos favorecen el desarrollo de la libertad interior? 

Teniendo en cuenta estas necesidades, la Ratio Institutionis Formationis Sacerdotalis afirma: "El formador debe guardar en secreto cuanto conoce de la vida de los seminaristas. Un recto acompañamiento, equilibrado y respetuoso de la libertad y de la conciencia de los demás, que les ayude en su desarrollo humano y espiritual, exige que cada formador sea competente y esté dotado de los recursos humanos espirituales, pastorales y profesionales necesarios. Por tanto, se espera de aquellos que son destinados a la formación una preparación específica y una generosa dedicación a tan importante responsabilidad. Se necesitan formadores que sepan garantizar una presencia a tiempo completo y sean testigos de cómo se ama y se sirve al Pueblo de Dios, desgastándose sin reservas por la Iglesia." (n. 49).

domingo, 8 de marzo de 2020

DAR GRACIAS AL SEÑOR POR LA VOCACIÓN Y MISIÓN DE LA MUJER



Dar gracias al Señor por su designio sobre la vocación y la misión de la mujer en el mundo se convierte en un agradecimiento concreto y directo a las mujeres, a cada mujer, por lo que representan en la vida de la humanidad.


Te doy gracias, mujer-madre, que te conviertes en seno del ser humano con la alegría y los dolores de parto de una experiencia única, la cual te hace sonrisa de Dios para el niño que viene a la luz y te hace guía de sus primeros pasos, apoyo de su crecimiento, punto de referencia en el posterior camino de la vida.


Te doy gracias, mujer-esposa, que unes irrevocablemente tu destino al de un hombre, mediante una relación de recíproca entrega, al servicio de la comunión y de la vida.

Te doy gracias, mujer-hija y mujer-hermana, que aportas al núcleo familiar y también al conjunto de la vida social las riquezas de tu sensibilidad, intuición, generosidad y constancia.


Te doy gracias, mujer-trabajadora, que participas en todos los ámbitos de la vida social, económica, cultural, artística y política, mediante la indispensable aportación que das a la elaboración de una cultura capaz de conciliar razón y sentimiento, a una concepción de la vida siempre abierta al sentido del «misterio», a la edificación de estructuras económicas y políticas más ricas de humanidad.


Te doy gracias, mujer-consagrada, que a ejemplo de la más grande de las mujeres, la Madre de Cristo, Verbo encarnado, te abres con docilidad y fidelidad al amor de Dios, ayudando a la Iglesia y a toda la humanidad a vivir para Dios una respuesta «esponsal», que expresa maravillosamente la comunión que El quiere establecer con su criatura.


Te doy gracias, mujer, ¡por el hecho mismo de ser mujer!  Con la intuición propia de tu femineidad enriqueces la comprensión del mundo y contribuyes a la plena verdad de las relaciones humanas.

Pero dar gracias no basta, lo sé. Por desgracia somos herederos de una historia de enormes condicionamientos que, en todos los tiempos y en cada lugar, han hecho difícil el camino de la mujer, despreciada en su dignidad, olvidada en sus prerrogativas, marginada frecuentemente e incluso reducida a esclavitud.

Esto le ha impedido ser profundamente ella misma y ha empobrecido la humanidad entera de auténticas riquezas espirituales. No sería ciertamente fácil señalar responsabilidades precisas, considerando la fuerza de las sedimentaciones culturales que, a lo largo de los siglos, han plasmado mentalidades e instituciones. Pero si en esto no han faltado, especialmente en determinados contextos históricos, responsabilidades objetivas incluso en no pocos hijos de la Iglesia, lo siento sinceramente.

Que este sentimiento se convierta para toda la Iglesia en un compromiso de renovada fidelidad a la inspiración evangélica, que precisamente sobre el tema de la liberación de la mujer de toda forma de abuso y de dominio tiene un mensaje de perenne actualidad, el cual brota de la actitud misma de Cristo. El, superando las normas vigentes en la cultura de su tiempo, tuvo en relación con las mujeres una actitud de apertura, de respeto, de acogida y de ternura.

De este modo honraba en la mujer la dignidad que tiene desde siempre, en el proyecto y en el amor de Dios.

sábado, 9 de mayo de 2015

NOS HA ESCOGIDO GRATUITAMENTE

Yo os he elegido

Dios siempre tiene la iniciativa. Nos lo dice expresamente al afirmar que «yo os he elegido». Nosotros sentimos la tentación de pensar que hemos escogido, pero no hemos hecho nada más que responder a una llamada. Nos ha escogido gratuitamente para ser amigos: «No los llamo siervos; a ustedes los he llamado amigos».

En los comienzos, Dios habla con Adán como un amigo habla con su amigo. Cristo, nuevo Adán, nos ha recuperado no solamente la amistad de antes, sino la intimidad con Dios, ya que Dios es Amor.

Todo se resume en esta palabra: “amar”. Nos lo recuerda san Agustín: «El Maestro bueno nos recomienda tan frecuentemente la caridad como el único mandamiento posible. Sin la caridad todas las otras buenas cualidades no sirven de nada. La caridad, conduce al hombre necesariamente a todas las otras virtudes que lo hacen bueno».

jueves, 16 de abril de 2015

VOCACIÓN ¿POR QUÉ NO?

Infinitamente sea alabado, mi Jesús sacramentado.

No dejemos de pedir por todos los sacerdotes hoy ante Jesús sacramentado. El testimonio de este sacerdote nos puede ayudar. El Cardenal Wyszynsky, respondía a quien le interpelaba sobre su vocación sacerdotal: «Si tuviese que nacer otra vez y se me otorga elegir mi vocación, yo escogería sin vacilar; la vocación de sacerdote, incluso aunque supiese desde el primer momento que había de acabar en las cadenas de Cristo. Vale más ser un sacerdote perseguido que un César adorado»

sábado, 17 de enero de 2015

EN ESTE DOMINGO EL SEÑOR NOS INVITA A LA VOCACIÓN

Si en toda vocación es Dios quien llama, toca al hombre responder a dicho llamado. Y como el hombre es libre por designio Divino, puede responder afirmativamente. O no. Podemos negarnos al don de la existencia suicidándonos. Podemos negarnos al llamado a la santidad, pecando. Es nuestra decisión y Dios la respeta porque no quiere autómatas. Él pone ante nosotros la vida o la muerte, la Gracia o la condenación. ¡Terrible cosa ser tan libres!

¿Cómo llama Dios a un joven a su servicio? Tengamos presente que Él toma la iniciativa y llama a quien quiere del modo que Él quiere. Puede ser que el muchacho ve de pronto, con una lucidez total, que el sacerdocio es lo suyo. O bien puede suceder que la idea vaya colándose lentamente en su ánimo, como a través de una niebla que se despeja poco a poco. 

Algunos han sido llamados desde su más tierna infancia y jamás han pensado en otra cosa; otros al contrario, han tenido que superar dudas y tentaciones, altibajos y decepciones. Cada sacerdote podría decir el cómo de su llamado. Hermoso el testimonio de un sacerdote Marista que desde los siete años al ver a su cura párroco ya anciano, se dijo: "A su muerte yo tomaré su lugar".

jueves, 27 de noviembre de 2014

QUE LINDO NIÑO, CUANDO SEA GRANDE SEGURO ATRAERÁ A LAS CHICAS COMO LOCAS


Mi esposo y yo tenemos 3 hijos. Los tres aún son muy pequeños. El segundo es hombre y al parecer tiene una simpatía especial. Cuando lo ven por la calle me dicen, frecuentemente, frases como esta: “Qué lindo niño. Cuando sea grande seguro traerá a las chicas como locas”. Varias veces he sonreído y me animado a responder: “Ojalá Dios lo quiera y sea sacerdote”.

No pocas veces he recibido una mirada escandalizada o una palabra de reproche ante semejante deseo. ¿Cómo podría desear tal cosa? Tengo la sensación de que si digo que quisiera que fuera ingeniero o que simplemente traiga a las chicas como locas la reacción sería distinta.

Si como padre quiero lo mejor para mi hijo, que esa definición de lo mejor no esté limitada simplemente a que tenga las mejores cosas, los mejores juguetes, que vaya al mejor colegio, a la mejor universidad. Lo mejor para mis hijos es que sean felices y esa felicidad incluye y depende de la respuesta que den al llamado que Dios les hace a cumplir su plan.

Si quiero lo mejor para mi hijo no es ilógico que como madre católica desee que Dios llame a alguno de mis hijos para que lo sirva desde cerca. Para que ayude a los más necesitados, para que consuele a los afligidos, para que lleve la fe a los que no la tienen o la han perdido. ¡Qué regalo más grande debe ser tener un hijo religioso y ser testigo de esa unión tan cercana con Dios, tan exclusiva, tan feliz!

Silvana Ramos

Videos que nos impulsa a rezar




Fuente; Catholic link

domingo, 5 de mayo de 2013

EL AMOR DE DIOS Y LA CONFIANZA EN ÉL


¿En qué consiste la fidelidad de Dios en la que se puede confiar con firme esperanza? En su amor. Él, que es Padre, vuelca en nuestro yo más profundo su amor, mediante el Espíritu Santo (cf. Rm 5,5). Y este amor, que se ha manifestado plenamente en Jesucristo, interpela a nuestra existencia, pide una respuesta sobre aquello que cada uno quiere hacer de su propia vida, sobre cuánto está dispuesto a empeñarse para realizarla plenamente.
El amor de Dios sigue, en ocasiones, caminos impensables, pero alcanza siempre a aquellos que se dejan encontrar. La esperanza se alimenta, por tanto, de esta certeza: «Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él» (1 Jn 4,16). Y este amor exigente, profundo, que va más allá de lo superficial, nos alienta, nos hace esperar en el camino de la vida y en el futuro, nos hace tener confianza en nosotros mismos, en la historia y en los demás.
En este fin de semana los jóvenes de nuestra Diócesis en su primera convivencia (Chimaltenango) deben preguntarse y nosotros los que ya estamos ejerciendo nuestro ministerio también. «¿Qué sería nuestra vida sin este amor? Dios cuida del hombre desde la creación hasta el fin de los tiempos, cuando llevará a cabo su proyecto de salvación. ¡En el Señor resucitado tenemos la certeza de nuestra esperanza!».


domingo, 21 de abril de 2013

EL SEÑOR ES MI PASTOR

El cordero sobre el hombro del buen pastor (Cesarea marítima)

En todos los tres ciclos litúrgicos, el cuarto Domingo de Pascua presenta un fragmento del Evangelio de Juan sobre el Buen Pastor.
El domingo pasado, el Evangelio nos trasladaba entre los pescadores, hoy en cambio el Evangelio nos conduce entre los pastores. Dos categorías de igual importancia en los Evangelios. De una procede el título de «pescadores de hombres», de la otra el de «pastores de almas», dado a los apóstoles.
La mayor parte de Judea era un altiplano de suelo áspero y pe­dregoso, más adaptado al pastoreo que a la agricultura. La hierba era escasa y el rebaño debía trasladarse continuamente de una parte a otra; no había muros de protección y esto exigía una constante presencia del pastor en medio del rebaño.
En el Antiguo Testamento, Dios era el pastor de su pueblo: «El Señor es mi pastor, nada me fal­ta» (Salmo 23,1). «Él es nuestro Dios y nosotros su pueblo, el re­baño que él guía» (Salmo 95,7). Esta imagen ideal del pastor encuentra su plena realización en Cristo. Él es el Buen Pastor, que va en busca de la oveja perdida; se apiada del pueblo, porque lo ve «como oveja sin pastor» (Mateo 9, 36) Y llama a sus discípulos «pequeña grey»
Celebra hoy la Iglesia la Jornada Mundial de oración por las vocaciones. Vocación significa llamada y, cuando en el seno de la Iglesia nos referimos a la vocación, queremos expresar concretamente la llamada que Dios hace a cada hombre. Nuestro Creador nos llama y, en este sentido, todos los hombres tenemos vocación, puesto que debemos ser santos por especial designio de Dios. Dios llama al hombre de un modo singular.

domingo, 14 de abril de 2013

¿PEDRO ME AMAS?


Para los discípulos era difícil comprender lo que había acontecido. Pero, cuando todo parecía acabado, nuevamente, Jesús sale al encuentro de sus amigos. Esta vez los encuentra en el mar, lugar que hace pensar en las dificultades y las tribulaciones de la vida; los encuentra al amanecer, después de un esfuerzo estéril que había durado toda la noche. Su red estaba vacía. En cierto modo, eso parece el balance de su experiencia con Jesús: lo habían conocido, habían estado con él y él les había prometido muchas cosas. Y, sin embargo, ahora se volvían a encontrar con la red vacía de peces. 

Ya ha pasado la noche y el Señor dice a los discípulos, cansados de bregar y decepcionados por no haber pescado nada: “Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis” (Jn 21, 6). Normalmente los peces caen en la red durante la noche, cuando está oscuro, y no por la mañana, cuando el agua ya es transparente. Con todo, los discípulos se fiaron de Jesús y el resultado fue una pesca milagrosamente abundante, hasta el punto de que ya no lograban sacar la red por la gran cantidad de peces recogidos.

Apacienta mis ovejas

lunes, 25 de marzo de 2013

¿QUÉ ES LA VOCACIÓN?

Tú puedes ser sacerdote

Nos ha llegado la invitación a las convivencias vocacionales para este año 2013, es una invitación de Dios a todos los jóvenes de buena voluntad de seguir a Cristo más de cerca. Explicaremos brevemente qué es una vocación.

En realidad, la palabra VOCACIÓN proviene del latín: VOCARE, que significa llamado. Sentir una vocación equivale a decir que alguien me está llamando. De otra manera no tiene sentido.

ALGUIEN LLAMA

Debemos poner en claro antes que nada, que es Dios quien llama. Iluminados por la fe y experiencia enorme de la Iglesia, sabemos ciertamente que toda vocación viene de Dios.

EL PRIMER LLAMADO

Dios Creador nos llama del no-ser a la existencia. Nosotros no nos damos la vida a sí mismo: la recibimos gratuitamente. Dios, por medio de los padres, va llamando a la vida a los seres humanos.

UN SEGUNDO Y SUBLIME LLAMADO

Dios no nos llama a la existencia nada más para que vivamos, crezcamos, nos reproduzcamos y nos muramos. No somos animales. Él tiene un proyecto grandioso e inefable para cada persona llamada a la existencia. Si ha constituido a los esposos como colaboradores suyos en la procreación, es para un fin mucho muy superior al mero deseo de llenar la tierra de seres humanos.

Cada uno de nosotros, estamos llamados "desde antes de la creación del mundo", como nos dice San Pablo en su maravillosa carta a los Efesios, a participar de su propia VIDA DIVINA, hasta la eternidad, lo que llamamos la GRACIA SANTIFICANTE. Este llamado, esta vocación a la Gracia, es el hecho más importante en nuestras existencias. Todo hombre nacido en este planeta, está llamado a ser Santo. La vocación a la Santidad es universal.

EL HOMBRE RESPONDE

Si en toda vocación es Dios quien llama, toca al hombre responder a dicho llamado. Y como el hombre es libre por designio Divino, puede responder afirmativamente. o no. Podemos negarnos al don de la existencia suicidándonos. Podemos negarnos al llamado a la santidad, pecando. Es nuestra decisión y Dios la respeta porque no quiere autómatas. Él pone ante nosotros la vida o la muerte, la Gracia o la condenación. ¡Terrible cosa ser tan libres!

¿Cómo llama Dios a un joven a su servicio? Tengamos presente que Él toma la iniciativa y llama a quien quiere del modo que Él quiere. Puede ser que el muchacho ve de pronto, con una lucidez total, que el sacerdocio es lo suyo. O bien puede suceder que la idea vaya colándose lentamente en su ánimo, como a través de una niebla que se despeja poco a poco. 

Algunos han sido llamados desde su más tierna infancia y jamás han pensado en otra cosa; otros al contrario, han tenido que superar dudas y tentaciones, altibajos y decepciones. Cada sacerdote podría decir el cómo de su llamado. Hermoso el testimonio de un sacerdote Marista que desde los siete años al ver a su cura párroco ya anciano, se dijo: "A su muerte yo tomaré su lugar".